Juan Antonio Alix y un prólogo (3)

Alix y portada© JOSÉ CARVAJAL /

No tengo la menor duda de que la literatura dominicana es hija de la prisa y el descuido, pero de todos los géneros el más afectado por este problema parece ser el ensayo. Es ahí donde se han cometido los errores más graves en cuanto a datos, juicios a priori, elogios inmerecidos, crítica complaciente, exceso de bonanza, exceso de ignorancia, exceso de lagunas historiográficas, intercambio de favores académicos, tráfico de influencia intelectual, abuso de poder, en fin.

El ensayo dominicano, que se supone género para estudiosos y pensadores, no merece confianza absoluta del lector serio. De acuerdo con mi experiencia, hay que dudarlo todo, pues da la impresión de que muy pocos autores vernáculos lo trabajan con la tesitura, la seriedad y la responsabilidad que ese género merece.

El problema mayor lo tiene el investigador que confía demasiado, porque termina trasmutando errores al citar fuentes dudosas. En ocasiones me he decepcionado de manera tal, que jamás vuelvo a mirar un libro de ciertos autores reconocidos por temor a encontrar en estos más confusión que claridad. El historiador Vetilio Alfau Durán se pasó la vida corrigiendo imprecisiones de otros, y yo hablaré de casos específicos cuando me llegue el momento. No lo hago ahora debido a que el enfoque de este trabajo es el prólogo de Fernando Cabrera a «Décimas de siempre» de Juan Antonio Alix, el volumen más reciente de la colección Biblioteca Dominicana Básica que publica la estatal Editora Nacional.

Debo recordar que esta es la tercera entrega relacionada con el tema, y que en la anterior prometí leer del texto de Fernando Cabrera sin las citas que lo avalan. Aclaro que mi intención no es la de señalar errores, sino abrir paso a una aproximación de lectura atenta. Por ejemplo, me llama la atención la fecha de deceso de Alix, ya que algunos estudiosos apuntan que fue en 1917 y otros 1918. Esto último es importante por ser «Décimas de siempre» una edición conmemorativa del centenario de la muerte de Alix y porque la misma se puso a circular «masivamente» durante la Feria del Libro de Santo Domingo 2018, donde se le rindió tributo al llamado Cantor del Yaque con ocasión de los cien años de su fallecimiento. Sin embargo, el inigualable y prolífico investigador Emilio Rodríguez Demorizi apuntó en su libro «Poesía popular dominicana» que Alix falleció en 1917, aunque al parecer se contradijo a sí mismo al anotar (sin rectificar) que fue en 1918 según el prólogo que escribió en 1966 a «Décimas inéditas de Juan Antonio Alix».

La mayoría de los problemas de las investigaciones dominicanas, literarias o históricas, son errores de número (fecha, año, cifras, etc.) y especulaciones de todo tipo. En el prólogo a «Décimas de siempre» observo cuestiones que ponen en duda la preparación de Fernando Cabrera para escribir dicho texto, por demás conmemorativo, que al final no deja de ser desechable. Por ejemplo, a Alix se le atribuye una décima escrita en 1844, es decir, a la edad de once años (tal vez diez). Y aunque el ensayista lo advierte («si no es error de antólogo…»), lo cierto es que anula ese asomo de rigurosidad cuando titubea al pensar que podría ser «un escrito por encargo». Aquí me asalta un pensamiento lógico: ¿un escrito por encargo a un niño de once años? Finalmente, el texto «A la señorita Urna Camila» fue incluido en la sección de décimas políticas, donde, a excepción del señalado y su mancha de 1844, casi todos llevan al calce años que oscilan entre 1876 y 1903.

Hay otro pecado de fecha. Cito a Fernando Cabrera: «En poemas como “Al pueblo dominicano”, publicado el 16 de diciembre de 1844…» Este dato obliga al prologuista a insertar una nota (¿aclaratoria?) al pie de página, que dice: «Fecha que entra en contradicción con la edad que debía tener para la fecha de la Independencia. Probablemente fue escrito un lustro después, en la fecha en que, según algunos estudiosos señalan, empezó a escribir.» Bien por lo de «probablemente fue escrito un lustro después…», pero eso agrega una nueva fecha (1849) en la que Alix tendría 16 años de edad.  Al final, la décima en cuestión aparece en la antología con el año 1884 al calce del texto.

Además de los enredos de datas y falta de limpieza, los apartados del prólogo de Fernando Cabrera no quedan bien explicados ni se corresponden con el ordenamiento del libro. Esos apartados son: Arraigo en la tradición hispánica, Lingüista empírico, Sociólogo natural, Crítico sagaz, Publicista nato, Patriota, Sin tabúes al escribir, Con los prejuicios de la época, y Entre la ética y la estética.

Cabrera exhibe también un lenguaje poco apropiado para el ejercicio ensayístico que en este caso serviría de marco a un prólogo que debió ser trabajado y revisado con mayor seriedad, precisión y corrección de estilo. Son de mal gusto, por ejemplo, frases tan comunes como «en su justa dimensión…» y «saber nadar y guardar la ropa…» Por lo general esas muletillas son holgazanería de pensador y se utilizan con frecuencia en el periodismo. En realidad se escriben cuando se está agotado o cuando no se tiene nada importante que decir o para hacer más extenso un texto aunque sea con vaguedades.

En cuanto a la sutil sugerencia de que Alix pueda ser considerado «padre de la poesía dominicana», creo que solo se le podría ocurrir a personas que no conocen nuestra literatura, grupo al que espero no pertenezca Fernando Cabrera. Y aun si fuera solo «padre de la poesía popular dominicana» habría que desandar los caminos para encontrarnos con figuras quizá no tan populares, pero sí más relevantes que Alix en nombre de la Poesía, con mayúscula. El Cantor del Yaque era sin duda buen versificador, y más decimero, pero solo eso.

En «los más antiguos rastros de la poesía popular», en el siglo XVI, aflora el nombre de Lázaro Bejarano, que aunque nació en Sevilla (España) sus versos «pueden considerarse, pues, como las primeras manifestaciones conocidas de la poesía popular en Santo Domingo, empobrecida y desmembrada por cierto, no por falta de ingenios, sino a causa de carencia de imprenta y de las incesantes vicisitudes de la Colonia…» Eso dice Emilio Rodríguez Demorizi en su libro «Poesía popular dominicana».

Aparte de Bejarano, en el camino de regreso nos encontramos con las décimas del singular Meso Mónica, versificador de raza negra que habría fallecido a principios del siglo XIX. «Hasta ahora, en Santo Domingo, nadie ha igualado a Meso Mónica como repentista: ni el loco y pordiosero Utiano, ni Juan Antonio Alix», sentenció Rodríguez Demorizi, que en su versión cambia el orden a lo de «loco y pordiosero», quizá porque en el fondo sabía que eran palabras utilizadas por Pedro Henríquez Ureña en «Las culturas y las letras coloniales en Santo Domingo», donde llama «pordiosero y loco» al mismo Utiano (o Justiniano), un versificador que según el humanista vivió «en la época haitiana».

La pregunta de Fernando Cabrera sigue colgando del título de su prólogo: «Juan Antonio Alix, ¿padre de la poesía dominicana?» Nos vemos en la cuarta entrega.

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