Juan Antonio Alix y un prólogo (y 4)

alix portada tendida© JOSÉ CARVAJAL /

En la entrega anterior, la tercera, concluí diciendo que la pregunta de Fernando Cabrera sigue colgando del título de su prólogo: «Juan Antonio Alix, ¿padre de la poesía dominicana?» Y lo cierto es que no hay manera de evitar la «eutanasia literaria» ante la falta de responsabilidad crítica y académica del consejo editorial que debe cuidar la calidad de la Biblioteca Dominicana Básica que publica la estatal Editora Nacional. ¿Dónde quedó el rigor cacareado desde el principio de la colección?

En su monumental «Historia de la cultura dominicana» el poeta y académico Mariano Lebrón Saviñón observó que «desde los tiempos de Meso Mónica muchos poetas han encimado la poesía popular, escribiendo incluso en el mismo lenguaje de nuestra gente campesina.» En ese derrotero Lebrón Saviñón también cita a Rodríguez Demorizi cuando el investigador dice: «En este período luctuoso la poesía popular tuvo numerosos cultivadores, aunque ninguno de las altas dotes de Meso Mónica: doña Ada de Osorio, Manuel Fernández o el Ciego Fernández, popular autor de décimas de barrio para fiestas profanas y religiosas; Manuel María Valencia, doña Manuela Rodríguez o Aybar, llamada La Deana, en cuyas apasionadas décimas dedicadas al general Santana –como observa el historiador [José Gabriel] García– hay activos gérmenes del funesto personalismo político que fue la ruina de la primera República.»

Lebrón Saviñón destaca por su parte el caso de La Deana, Manuela Rodríguez o Aybar (1790-1850), porque esta sufrió persecuciones por ser fiel seguidora y defensora a ultranza del general Pedro Santana y opositora acérrima del presidente de turno Manuel María Jimenes. Santana derrocó a Jimenes en 1849. De La Deana escribió Rodríguez Demorizi que fue «popular decimera cuyos versos eran ruidosamente celebrados por el pueblo…»

Como se puede apreciar en este breviario que hago con prisa de viajero, cuando Juan Antonio Alix nació en 1833 las coplas y las décimas abundaban en la vida cotidiana de la parte oriental de esta cuna de América que es la Isla Hispaniola. La lista que surgió al través de los años es amplia a pesar de la merma que sufrió la literatura durante los 22 años de dominio haitiano sobre el territorio que hoy llamamos República Dominicana. Copio algunos nombres de cantores populares que Lebrón Saviñón le copió a Rodríguez Demorizi: Emilio Gil Fernández (El cantor del Licey), Tiburcio Polanco, Claudio Polanco, Aniceto Amarante (Plutón), Luis Salazar, Godofredo Pichardo, Manuel Jiménez, Señó Manuel, Miguel de la Cruz, Pedrito Ortiz y Ulises Montás.

Además de la agitadora política La Deana, en la relación de cantores figuran nombres de otras mujeres copleras que tampoco serían las únicas: Vicenta Ortiz, Matilde Báez y Rosaura Nolasco. Por ahí aparece la historia interesante y curiosa de una mujer llamada Dolores Salcedo, que habría muerto prófuga porque huyó hacia Haití para evitar una orden de prisión luego de escribir décimas que incomodaron a las autoridades de turno. Lo paradójico del caso es que la mujer ejercía la Medicina en la provincia de Santiago y murió precisamente por falta de medicamentos y cuidados.

No hay dudas de que Alix era el decimero más popular de su tiempo, pero sugerirlo como «padre de la poesía dominicana» es una ligereza; nuestra poesía no comienza ni se detiene con las décimas del «Cantor del Yaque». Con toda la osadía que lo caracterizaba y el mérito ganado por su ingenio, Alix no fue un poeta de altura aunque escribiera miles de décimas. Mariano Lebrón Saviñón diría que «saber versificar no es ser poeta»; y Pedro René Contín Aybar agregaría que cultivó «un género de poesía donde hay muchas cosas, menos poesía.»

Para los que toman apuntes, el título de «Padre de la poesía dominicana» fue adjudicado en su momento a Félix María del Monte por haber sido el autor del primer poema escrito tras la declaración de la Independencia, en 1844. Balaguer lo llamó «el cantor de la libertad» porque «su poema anuncia el nacimiento de la República y es como la primera flor de su cultura y el primer eco de su conciencia embrionaria». A las ponderaciones de Balaguer se suma la de Max Henríquez Ureña, cuando dice que Del Monte «merece ser considerado padre de la literatura en la República». Lo que da esos méritos a Del Monte es el hecho de haber improvisado, supuestamente la misma noche y en plena escena de la proclamación de la Independencia, lo que según Balaguer fue «el primer himno dominicano», donde el poeta nacido en 1819 «afirma en versos de sencillez grandiosa nuestro derecho a vivir como hombres libres en la heredad sagrada.»

En Balaguer también podría haber imprecisión al asegurar que Del Monte improvisó aquel glorioso poema la misma noche de la Independencia, el 27 de febrero de 1844. El investigador Emilio Rodríguez Demorizi afirmó que fue escrito el 29 de febrero, es decir, «mientras hace su primera guardia en la Fortaleza [Ozama] de la que acababan de ser expulsados los haitianos…»

Las versiones de Balaguer y de Demorizi quedarían igualmente en tela de juicio con las de Mariano Lebrón Saviñón y la académica Bienvenida Polanco Díaz. En su «Historia de la cultura dominicana» Lebrón Saviñón relata que «él [Del Monte] estuvo en la Puerta del Conde en la gloriosa noche del 27 de febrero y siendo teniente de la Guardia Nacional, escribió la letra de su himno el 1 de marzo de 1844, mientras prestaba servicio en la Fortaleza.» En su voluminosa «Antología de teatro: Clásicos en la literatura dramática dominicana», la estudiosa Polanco Díaz coincide con la versión de Lebrón Saviñón y agrega que el poeta Del Monte fue «un prototipo del hombre ilustrado, fue el primer dominicano en obtener el título de abogado en el período republicano, en 1845.»

calendario 1844

Una observación: mientras Balaguer afirma que el histórico poema de Del Monte fue escrito la noche del 27 de febrero, Rodríguez Demorizi apunta que fue el 29 de febrero, y Saviñón y Polanco Díaz registran el 1 de marzo. Aunque son tres fechas distintas, lo cierto es que ese dato, significativo a la vez que insignificante, no cambia la esencia del poema embrionario de la otrora naciente literatura dominicana.

Una nota al margen: cuando leí la afirmación de Demorizi, de que Del Monte escribió aquel poema el 29 de febrero, la curiosidad me llevó al calendario de 1844 y, efectivamente, el año de nuestra independencia era bisiesto, es decir, febrero tenía 29 días. La independencia fue proclamada un martes y Del Monte habría escrito su himno esa noche o jueves o viernes de esa misma semana.

Ahora pasemos a dar la «extremaunción literaria» al libro «Décimas de siempre» de Juan Antonio Alix. En el acta de defunción diría: este pobre libro murió de un prólogo malogrado escrito por el poeta y ensayista Fernando Cabrera.

 

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