Cortázar impulsó a Vargas Llosa

Cortazar y Vargas Llosa
Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa.

© JOSÉ CARVAJAL / Mario Vargas Llosa lo recuerda «con mucho cariño», y no son pocos los escritores y editores que aun guardan en su memoria lo «excepcional», lo «generoso», lo «solidario», lo «extraordinario», lo «maravilloso» y lo «genial» que era Julio Cortázar. A mí me lo dijeron personalmente el mismo Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Luisa Valenzuela, el otrora editor y ahora agente literario Guillermo Schavelzon y otros.

Y no era para menos. Cortázar llegó (y aun persiste) a hechizar un mundo al través de su monumental novela «Rayuela» y esas pequeñas obras maestras de la narrativa breve como «El perseguidor», «Las armas secretas» o «Historias de cronopios y de famas». Se pude decir que era el más experimentador de los famosos autores de eso que se denominó Boom Latinoamericano, cuyas figuras principales fueron el propio argentino Cortázar, el peruano Vargas Llosa, el colombiano Gabriel García Márquez y el mexicano Carlos Fuentes. Hay otros delante y después de lo que yo llamo el «ojo del huracán» del Boom y que para el ahora premio nobel Mario Vargas Llosa «rompió el complejo de inferioridad latinoamericano».

Al igual que Carlos Fuentes, Cortázar no ganó el Premio Nobel. En realidad, creo que ninguno de los autores del Boom lo necesitaba. Cuando García Márquez y Vargas Llosa lo ganaron ya eran de los escritores más influyentes de este y del otro lado del Atlántico, y serían inmortales conquistadores de lectores por la obra viva que dejaron detrás, no por el codiciado y recientemente desprestigiado galardón de Estocolmo.

Cortázar fue el primero en fallecer, en 1984, de una complicación sanguínea que al parecer resultó ser sida. Esto último lo dijo primero su amiga Cristina Peri Rossi. Las declaraciones de la escritora uruguaya, quien aseguró haber tenido una relación sentimental con el autor de «Rayuela», aparecieron en los medios: «Julio Cortázar no murió de cáncer ni de leucemia como se especuló, sino que falleció de sida con la desgracia que le contagió la enfermedad a su querida esposa, Carol Dunlop. Ella murió primero, dos años antes de Julio, porque aunque era muchísimo más joven, le habían quitado un riñón”.

Aquellos años boom
Tengo la satisfacción de verme citado en el capítulo 23 de la primera edición de este voluminoso libro sobre el Boom, del periodista español Xavi Ayén

Cortázar falleció el 12 de febrero de 1984, cuando aun no se conocía el sida como la enfermedad que ataca ferozmente al organismo hasta causar la muerte. El tema queda sellado en el voluminoso libro «Aquellos años del boom» del periodista español Xavi Ayén, que hace poco declaró que «Cortázar recibió una transfusión de sangre en el sur de Francia. Está documentado que el entonces ministro de sanidad francés tuvo que dimitir porque los hospitales no fueron rigurosos en los controles y contaminaron a centenares de personas con el sida. El doctor Javier Lentini que aparece en “Pantaleón y las visitadoras” [novela de Vargas Llosa], como el doctor “Negrón”’, era el médico de la generación boom –otra cosa que los hace un grupo es que comparten el mismo médico y el mismo psicoanalista– , y me mostró análisis que desmentían la tesis de leucemia pero que mostraban que Cortázar estaba perdiendo defensas. Tras su muerte y una vez que se destapó el escándalo de las transfusiones, el propio Lentini dijo: “Ahora ya sabemos lo que tenía Julio, ahora lo sabemos, pero qué más da como se llamaba, no lo hubiéramos sabido curar”. Yo me baso en ese testimonio. Por motivos que desconozco Aurora Bernárdez, su viuda, no quiere ni oír hablar de esta posibilidad.»

Cortazar y Peri Rossi
Cristina Peri Rossi y Julio Cortázar.

Bien. Ninguna muerte de autor del Boom ha dado tanto espacio a la especulación como la de Cortázar. García Márquez falleció en 2014 por complicaciones de neumonía cuatro años después de que le diagnosticaran cáncer linfático; y Carlos Fuentes murió en 2012 de una hemorragia interna provocada por una úlcera, según informe del médico que lo atendió. De modo que a Vargas Llosa le ha tocado ser el último, como el mismo declaró en 2016: «El ‘boom’ pues ya no existe, y yo soy en cierta forma el último sobreviviente de lo que se llamó “boom”. Y me toca el triste privilegio de tener que apagar la luz y cerrar la puerta».

Sin embargo, antes de que Vargas Llosa apague la luz del Boom surgen documentos de primera mano que revelan parte de los secretos que contribuyeron a la vitalidad de ese fenómeno literario que contó con la «complicidad» de españoles excepcionales como el apasionado editor Carlos Barral y la llamada superagente literaria Carmen Balcells. La mayoría de esos documentos son cartas personales, manuscritos y memorias que permiten confirmar datos o corroborar informaciones que nos llegan mayormente como anécdotas en medio de conversaciones.

De lo dicho pongo de ejemplo lo que me dijo en una ocasión Vargas Llosa acerca de Julio Cortázar. Transcribo: «Mire… hay admiraciones personales y literarias. Alguien que yo recuerdo con mucho cariño es Julio Cortázar. Julio era un magnífico escritor, uno de los grandes escritores de nuestra lengua. Con el tiempo seguramente su obra de cuentística prevalece sobre la del novelista. Pero además era personalmente un ser de una gran calidad. Fue muy generoso conmigo. Cuando yo lo conocí, yo era todavía un absoluto desconocido, y él me alentó, me ayudó mucho, fue uno de los primeros lectores de “La ciudad y los perros” [entonces se llamaba “Los impostores”], mi primera novela cuando estaba en manuscrito. A mí él me alentó con unos consejos que eran enormemente útiles; me ayudó a buscar un editor. Yo lo recuerdo siempre con mucho cariño, porque además era un ser humano excepcional, muy generoso, carecía de las vanidades que son normales en los seres humanos. Era también de una gran ingenuidad. Tenía algo de niño, un poco inmaduro, que todavía no ha descubierto las asperezas del mundo, sin dejar de ser un hombre muy inteligente y observador de la realidad. Pero había en él una inocencia que a mí me conmovía mucho. Siempre lo recuerdo con cariño.»

Dos cartas de Cortázar a Vargas Llosa que figuran en los cinco volúmenes de correspondencias publicados por el sello Alfaguara comprueban la generosidad del argentino. La primera emitida al editor Joaquín Díez Canedo; y la segunda al propio Vargas Llosa. Transcribo de la carta al editor, fechada en París el 2 de julio de 1962:

«[…] Hace unas semanas he leído los originales de una excelente novela de Mario Vargas Llosa, joven escritor peruano que ganó hace tres años un premio en España por su libro de cuentos “Los jefes”. Radicado en París, Vargas ha terminado hace poco la novela en cuestión, que se titula “Los impostores” [se trata del primer título que tuvo “La ciudad y los perros”]. Admirablemente escrita, cuenta la vida de un grupo de estudiantes limeños en un colegio militar. Es un libro de una violencia, de una fuerza nada común en nuestros países. Un libro exasperado, por así decirlo, pero al mismo tiempo escrito con un dominio total de la lengua y una maestría que solo puede dar un talento natural para la novela. Como lector, le he sugerido a Vargas la eliminación de algunos episodios que parecen subsidiarios y que quitan fuerza al tremendo conflicto moral. Si lo hace, creo que “Los impostores” será una de las mejores novelas de estos años (no pienso solo en América latina).

»Huelga decir que si a usted le interesa leer el libro, yo lo pondría en contacto con el autor, que ignora por el momento estas astutas maniobras de su amigo argentino.»

El 30 de julio de 1962, es decir, 28 días después de escribir al editor, Cortázar revela sus «astutas maniobras» al propio Vargas Llosa. Transcribo:

«París, 30 de julio de 1962

»Querido Mario:

»El párrafo que puede interesarte en la carta de Joaquín Díez Canedo es el siguiente:
»“Por supuesto que me interesa también lo que usted me dice de Mario Vargas, y me gustaría leer ya su libro. No sé si será mucho abusar de su amabilidad el pedirle que le transmita mi recado, o si será mejor que me envíe usted su dirección para que le escriba yo directamente”.

»Yo creo que, para evitar correspondencia inútil, lo mejor será que te pongas en contacto directo con Díez Canedo, y en esta forma quedo cumplido con él y luego ustedes se entienden mano a mano. Por supuesto, creo que lo mejor es machacar sobre caliente, de modo que si puedes enviarle lo antes posible “Los impostores”, mayores probabilidades habrá de que decidan incluirlo en su plan de ediciones. Creo haberte dicho que se trata de una editorial nueva, que se lanza con tremenda fuerza (y plata de Seix Barral!). De modo que hay que aprovechar antes que todos los mediocres que son legión en Latinoamérica se “acomoden” con los asesores y lectores de la casa.

»Los datos son: Editorial Joaquín Mortiz, S. A. Guaymas 33-1, México 7 D. F. Apartado Postal 21411.

»Telefonea alguna noche cuando tengas ganas, para encontrarnos y charlar un rato. Y dile a Julia que Aurora y yo le mandamos nuestro cariño y que la esperamos de regreso.

»Un abrazo de

»Julio»

Así andan las cosas a los 35 años de la muerte de Julio Cortázar, que sigue vivo a pesar de una desaparición física que lo eterniza en la memoria de esos amigos y ese ejército de lectores que conquistó gracias a su incuestionable ingenio y generosidad.