Victor Hugo y dominicanos, 1885

Victor Hugo
Victor Hugo (1802-1885)

© JOSÉ CARVAJAL /

La muerte de Victor Hugo fue una gigantesca sombra para el mundo de las letras. El clásico francés del siglo XIX, autor de la voluminosa novela «Los miserables», falleció en 1885 y con su partida física surge la paradoja de haberse convertido en inmortal por medio de esa historia (social) de realidad y ficción que contó para todos, y que viene regenerándose «por los siglos de los siglos».

¿Será cierto que Victor Hugo escribió aquella novela «para todos los pueblos», como lo enfatiza él mismo en una carta fechada el 18 de octubre de 1862? La misiva, dirigida a un conde de Italia, parece una respuesta a ciertas inquietudes de este último en relación con ese libro clásico.

Cito de la carta: «“Los miserables” está escrito para todos los pueblos. No sé si todos los pueblos lo leerán, pero, ciertamente, lo hice para todos. Está dedicado a Inglaterra tanto como a Irlanda, a Italia como a Francia, a Alemania igual que a Irlanda, a las repúblicas que tienen esclavos tanto como a los imperios que tienen siervos. Los problemas sociales cruzan las fronteras; las llagas de la humanidad –vastas llagas que cubren el globo– no se detienen ante las líneas azules ó rojas trazadas en los mapas. Doquiera haya un hombre ignorante y desesperado; doquiera se venda una mujer por pan; doquiera sufra un niño por falta de libro que lo ilustre y de un hogar donde calentarse, el libro “Los miserables” llama a la puerta, diciendo: “Abrid, aquí estoy para vosotros”.»

Y parece que el libro llamó a las puertas de los más notables y entusiastas intelectuales dominicanos de la época que rindieron tributo a Hugo con un «Album dedicado a su memoria en nombre de la República Dominicana». En esas casi 90 páginas figuran mensajes en prosa y en versos de José Joaquín Pérez, José Gabriel García, Eugenio Dechamps, José Castellanos, Federico García Godoy, Gregorio Luperón, Manuel de Jesús Galván, Federico Gregorio Billini, Emilio Prud’homme, Enrique Henríquez, Francisco Henríquez y Carvajal, Federico Henríquez y Carvajal, Salomé Ureña de Henríquez y Mariano A. Cestero, entre otros.

Asimismo, aparecen mensajes del prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos, y de instituciones como la Sociedad Literaria Amantes de la Luz, La Prensa Asociada de Santo Domingo, La Trinitaria, La Escuela Normal y la Revista Cuna de América.

En la introducción del «Album…», los encargados de la edición a nombre de La Prensa Asociada de Santo Domingo se refieren a Hugo así (reproducción respetando la gramática y ortografía de la época):

«Al que hizo de la Prensa el campo de combate del pensamiento, i siempre llevó en alto la  bandera del derecho i de la justicia;

Album Victor Hugo»Al que demolió privilegios seculares, socavó tiranías infames é hizo inclinar la frente de los  reyes ante su palabra audaz y fecunda;

»Al que era titán para los fuertes y amoroso protector de los débiles y desamparados de la tierra;

»Al que condenó á muerte moral las viejas ideas, y levantó del cadalso y dió nueva vida á los condenados á perderla;

»Al que iluminó con cada palabra de sus labios y cada rasgo de su pluma los horizontes del porvenir de la humanidad;

»Al Poeta, al Héroe, al Genio, al Apóstol, al Redentor, Ofrece la PRENSA ASOCIADA DE SANTO DOMINGO el homenaje de estas humildes líneas, y la REPÚBLlCA DOMINICANA la respetuosa demostración del amor á su memoria en este libro.

»LA PRENSA ASOCIADA.»

A continuación algunos de los textos del homenaje, respetando igualmente la escritura (gramática, ortografía y estilo) de aquellos años.

De Manuel de Jesús Galván:

De la conciencia el luminoso faro
Pensando hallar en la trillada vía,
Al templo entré, donde una luz moría
Tan débil ya, que oscurecía lo claro.

A la cumbre del monte pedí amparo
Contra el siniestro afán del alma mía,
Y frente al sol el monte, al mediodía,

La luz que en él busqué negóme avaro.
Entonces oí la voz del que no engaña
Decir: «Yo soy la luz; suave es mi yugo;
«La conciencia es mi templo y mi montaña:
»Dejar en el olvido al hombre plugo
»Este Evangelio, que el error no empaña,
»Y que hoy repito al siglo Victor Hugo.”»

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Del historiador José Gabriel García:

Grande fué la misión de Victor Hugo en la tierra: luchar por la realización de bellos ideales0; desvelarse por el bien de la humanidad; combatir el error, acercándose á la verdad; servir, en fin, en todas sus manifestaciones, el pensamiento de Dios.

Por eso su muerte ha sido motivo de duelo universal, y las naciones, así del viejo como del nuevo mundo, unidas por el respeto á la idea, se complacen en tejerle, con flores de gratitud, una corona esplendente de inmortalidad.

Y no les falta razón, porque no son muchos los hombres que en el presente siglo la merecen con mejores títulos.

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De José Joaquín Pérez:

De rodillas un siglo ante tu tumba,
la frente sobre el mármol que lo encierra!
Que quiere recibir –aunque él sucumba–
el fuego de su espíritu la tierra.

Doquiera está la humanidad, le nombra;
Doquiera su alma está y está su idea;
Que, siendo toda luz su excelsa sombra,
Sobre todas las cumbres centellea!

Fué tribuna, fue templo, –verbo y ara,–
Suprema irradiación de lo Infinito;
Nuevo Cristo que Dios al mundo enviara
Para dejar otro Evangelio escrito!

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De Salomé Ureña de Henríquez:

HOMBRE-HUMILDAD

Vedlo! Allí está de pie sobre la cumbre,
mirando a todos con Piedad suprema.
Allí le encontrará la muchedumbre
cuando, en horas de afán y pesadumbre,
del genio y la virtud busque el emblema.

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De Francisco Henríquez y Carvajal:

VICTOR HUGO

La lucha titánica por el bien y contra. el mal que emprendió desde niño y sostuvo con firmeza hasta el último instante de su vida, le mereció el cariño universal de todos los pueblos. Fué un verdadero soldado de la libertad. Fué un verdadero pensador del siglo. Fué un anatema vivo contra todas las tiranías.

El arte, las letras, la. filosofía, la moral, la política, la causa del bien universal, todas estas esferas de actividad le vieron brillar. Por eso, al bajar al tranquilo sepulcro, los pechos generosos se oprimen de dolor y bendicen su nombre al despedirlo.

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De Federico Henríquez y Carvajal:

Los negros antros del social abismo
sondeó su númen de piedad y amor;
las altas cumbres del humano espíritu
bañó de luz su pensamiento-sol.
Y fué el Profeta de la paz del siglo,
y fué el Apóstol de la ley de Dios!

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De Eugenio María de Hostos:

No fué el hombre más brillante ni tampoco el más útil de su siglo. Victor Hugo fue la celebridad más resistente en época de celebridades inestables. Cincuenta años de nombradía se cimentaron en setenta de virtud. Lo que no hubiera resistido el mérito intelectual, lo resistió el mérito moral.

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De Emilio Prud’homme:

MUERTE DE UN ASTRO

La lucha por vivir, del ser humano,
si hasta los astros mueren, es en vano.

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De Francisco Gregorio Billini:

Qué eres? –Qué fuiste? –Qué serás?
En la inspiración creadora, en la poesía,
simbolizas á Homero: eres astro, eres genio!

En la meditación profunda, discurriendo lo sublime, y enseñando las verdades, te asimilaste á Sócrates: fuiste escuela, fuiste ciencia!

En la palabra y la doctrina, en tu amor á la humanidad, en tu vida modelo, llegarán con tu entusiasmo los que te canten á compararte con Cristo, y allá, en el porvenir de los tiempos, serás ejemplo, serás virtud!

Genio, ciencia y virtud: he ahí la trinidad de tu espíritu.

Homero, Sócrates y Cristo dieron sus reflejos á tu alma y se formó de esa consustanciación el espíritu que debía iluminar al siglo XIX!

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De Enrique Henríquez:

LAURO

Batallador feliz, genio atrevido:
el fuego de la gloria
la llama de tu espíritu ha extinguido!
La muerte no es tu fin: es tu victoria…!

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De Federico García Godoy:

[…]
«¡Bendito, bendito el genio que ocasiona en la humana familia, por odios profundos dividida, esta unidad de sentimientos y de apreciaciones! Bendito, bendito el genio que ilumina con relámpagos de amor la noche de la general indiferencia! Ante su tumba irán siempre á prosternarse y á buscar inspiración las generaciones que comulguen con la hostia de la libertad y de la fé.»

Así se expresaron en Santo Domingo. Casi al final de la carta que menciono al principio de este artículo Victor Hugo asegura que escribió para todos, y los dominicanos no tenían el porqué ser la excepción. «En cuanto a mí –indica la misiva del clásico autor–, escribí para todos; con un profundo amor por mi patria, pero sin preocuparme más por Francia que por otro pueblo cualquiera. Paulatinamente, según avanzo en la vida, tórnome más simple y me convierto más y más en un patriota de la humanidad.»