Octavio Paz y la agonía del oficio

Octavio PAZ© JOSÉ CARVAJAL / 

Luego del obligado receso de fin de año 2019, y de la publicación de un artículo de tema completamente distinto, regreso a Octavio Paz y las interrupciones que por poco ponen en peligro su voluminoso y celebrado estudio biográfico sobre la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695).

Quizá sin proponérselo, con las cartas a su editor Paz aportó un registro importante en torno al ambiente en que escribió «Sor Juana de la Cruz o las trampas de la fe» y en cuya introducción el poeta solo cuenta el producto logrado al final de un proceso de escritura que no refleja la agonía que descubrimos en la comunicación epistolar con Pere Gimferrer.

Grosso modo, en la introducción al libro Octavio Paz cuenta brevemente el origen del mismo: «La Universidad de Harvard me invitó a dar unos cursos y al preguntarme cuál sería el tema de uno de ellos, respondí sin mucho pensarlo: Sor Juana Inés de la Cruz. Tuve que volver a leerla y leer mucho de lo que se ha escrito sobre ella y que yo había olvidado o no conocía. Ya para entonces Alfonso Méndez Plancarte había publicado su ejemplar edición de “Obras completas”. Las bibliotecas de Harvard provocaron y, asimismo, saciaron mi curiosidad. En sus pasillos me encontraba a veces con Raimundo Lida; hablábamos de sor Juana, la música y la numerología mística. Repetí el curso en 1973 y con las notas que había hecho durante esos años impartí, en 1974, en El Colegio Nacional, una serie de conferencias: “Sor Juana Inés de la Cruz, su vida y su obra”. Al año siguiente, al releer las notas y oír las cintas magnetofónicas, pensé que valdría la pena utilizarlas en un libro que fuese, simultáneamente, un estudio del tiempo en que ella vivió y una reflexión sobre su vida y su obra. Comencé a escribirlo pero de una manera intermitente, interrumpido con frecuencia por otros quehaceres. Concluí, hacia 1976, las tres primeras partes. Después, durante varios años, nada. El proyecto dormía y estuve a punto de abandonarlo. A fines de 1980, movido –o más bien: removido– por una suerte de remordimiento, volví al inconcluso manuscrito. En el primer semestre de 1981 escribí las tres partes siguientes, las finales.»

La historia de aquella obra en las cartas a Gimferrer comienza en julio de 1974, cuando Paz se lo ofrece al entonces joven editor del sello Seix Barral: «Cuenten con el libro de Sor Juana y con los otros que proyecto.» Sin embargo, en abril de 1975 parecía haber olvidado aquel primer ofrecimiento, porque vuelve a mencionarlo como si se tratara de algo nuevo entre él y el mismo destinatario: «También tengo otro libro –ahora lo reviso y amplío algunas partes– sobre Sor Juana Inés de la Cruz. A fines de mayo podré enviarlo…»

En realidad, no se cumplió el envío. Y es a partir de agosto de 1975 que Paz comienza a reconocer que no avanzaba: «…el librito sobre sor Juana. Espero terminarlo este otoño: ¡He vuelto a atrasarme!» Entre una cosa y la otra, el Nobel mexicano producía su obra poética y ensayística, además de dictar conferencias, viajar por compromiso de trabajo y dirigir su revista Vuelta.

Portada Sor Juana por PAZEn septiembre de 1976, el libro es todavía algo pendiente; y en octubre de 1977 el empeño de Paz se ve amenazado y él parece estallar: «Tuve que dejar de lado, inconcluso, el libro de Sor Juana, que escribo a ratos perdidos y con una lentitud desesperante. Además, las continuas interrupciones, intromisiones, líos, acusaciones, contracusaciones, confabulaciones. La vida literaria y política mexicana es un gallinero, pero un gallinero alborotado por gallos agresivos y gallinas perversas y chismosas.» A pesar de todo eso Paz creía que lo terminaría ese mismo año 77: «El libro sobre Sor Juana podré terminarlo este año. Ya llevo más de la mitad.»

Sin embargo, en 1978 el ensayista continuaba recabando información de cierta importancia: «… he podido saber algo más de los dos protectores de Sor Juana, el Marqués de Mancera y el Marqués de Laguna (hermano del Duque de Medinaceli, el valido de Carlos II).» Y otra vez se queja, ahora en septiembre de 1978: «El libro sobre Sor Juana camina lentamente. Tengo demasiadas interrupciones. Es muy difícil concentrarse en la ciudad de México.»

Las interrupciones continuaron como una rebelión de fantasmas que inquietaban a Paz. La disciplina se impone pero los compromisos atentan contra los planes. El 18 de enero de 1979, el autor de «Libertad bajo palabra» y «El laberinto de la soledad» no para de trabajar aunque justifica una vez más el retraso, y se autocritica: «He vivido en perpetua distracción durante estos últimos meses, me he dispersado escribiendo artículos y notas de encargo (incluso el libro sobre [Xavier] Villaurrutia fue el resultado de unas conferencias que tuve que dar en El Colegio Nacional) y no he terminado los dos libros que de verdad me importan: el nuevo volumen de poemas y el estudio sobre Sor Juana.»

En abril de 1979 las cosas parecen empeorar y Paz habla de parálisis: «Soy débil y el mundo –más que el demonio y que la carne– me ha enredado en sus mallas. Su táctica, ahora me doy cuenta, no ha sido seducirme por el orgullo o la sensualidad sino por el falso sentido del deber, la falsa moral social. Estoy atrapado porque me cuesta muchísimo trabajo decir “no” a los visitantes y a los que me piden que escriba sobre esto o aquello (en general sobre temas que no tienen sino poco o nada que ver conmigo). El resultado ha sido, por un lado, la parálisis (no he podido continuar mis libros pendientes: los poemas, Sor Juana, y un ensayo sobre el amor de que alguna vez te hablé creo) y, por el otro la proliferación de textos ocasionales.»

El asunto de las interrupciones y los compromisos provocaron un juramento. El 13 de junio de 1979, Octavio Paz escribió a su editor: «…debo terminar el Sor Juana. Me he jurado a mí mismo no distraerme más…»

Pero una cosa es el deseo y otra la realidad, en marzo de 1980 el panorama seguía siendo el mismo: «En cuanto al libro de Sor Juana: no avanza. Estoy paralizado. El tema se ha ido alejando poco a poco y tendré que hacer un gran esfuerzo para volver a él. Es lástima porque solamente me falta un capítulo y reescribir los dos últimos. Me he prometido volver al trabajo en el mes próximo.»

Y todavía en mayo de 1980 la queja seguía latente, como nubarrón estacionario: «Por desgracia, no he podido seguir con Sor Juana –¡y pensar que solo me falta redactar un capítulo y rehacer los tres últimos!» En septiembre el Nobel dice que escribe «con terrible, angustiosa lentitud», pero habla también de otros proyectos: «Se me ocurren muchas cosas pero cuando intento pasarlas al papel, todo se complica, se enmaraña. Tengo tres o cuatro textos a medias: el Sor Juana, “De una palabra a la otra…”, “Artes de penumbra” (una reflexión sobre el blanco y el negro, el claroscuro, en el arte del grabado y en la poesía”)… pero no acierto a terminar nada.» Aun así, en noviembre Paz se compromete de nuevo a «terminar en los primeros tres meses del año próximo el libro sobre Sor Juana, al que he vuelto al fin, después de haberlo dejado desde hace cerca de tres años.»

El 24 de abril de 1981 aparece una luz a un extremo del túnel: «…he vuelvo al libro de Sor Juana y eso me ha absorbido de tal modo que me ha hecho desatender todo lo demás. Espero terminarlo pronto: me falta solamente la última parte, unas 60 o 70 páginas.» Sin embargo surge una inquietud técnica: «El libro de Sor Juana me preocupa. Primero que nada por su extensión. Unas 650 holandesas [jc: hoja de escribir de 8.5 x 11, tamaño en pulgadas, aproximadamente]. Además, quisiera que fuese ilustrado: reproducción de dos o tres documentos importantes como su profesión de fe y testamento; dos retratos; y una serie de ilustraciones de libros que ella sin duda leyó y que poseen no solo un interés documental sino también plástico…»

Al final el libro es salvado por el incansable Paz, que lo anuncia ya como un hecho en carta a su editor, fechada 29 de mayo de 1981: «El libro de Sor Juana está casi terminado: me faltan 60 páginas. Lo interrumpí dos semanas porque estuve enfermo: un ataque de “herpes zona”. No sé si conoces esa enfermedad. Es dolorísima y desfigura la mitad de la cara.»

El virus «herpes zona», un derivado de la varicela, se conoce también como «herpes zóster» o culebrilla, y puede afectar cualquier parte del cuerpo.

Al parecer Octavio Paz hace las últimas correcciones en mayo de 1982, incluyendo la solución de una duda que expresa a Gimferrer: «En un principio pensé que el título del libro podría ser: “Sor Juana Inés de la Cruz. Su tiempo, su vida, su obra”. Es bastante gris y se me ocurrió algo más vivo: “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”. El título tiene brío pero es demasiado parcial: lo de las “trampas de la fe” se refiere únicamente a los cinco últimos años de su vida. ¿Tú qué opinas? Gracias.»

Aunque la fecha del lanzamiento se aplazó en varias ocasiones, «Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe» salió finalmente en 1982, de manera simultánea en España (por Seix Barral) y en México ( por el Fondo de Cultura Económica).